La promesa continúa
Este homenaje nació mucho antes de tomar la forma que hoy tiene. Nació en vida de papá: en nuestras conversaciones, en cada recuerdo compartido y en el deseo de conservar juntos su historia para quienes vienen después.
Esto no es solamente una página. Es una promesa de vida. Es la vida de Mario y la historia de todo lo que fuimos construyendo juntos.
Este material fue creciendo como crecían nuestras conversaciones: alrededor de una milanesa, de una medialuna y un café. Cada encuentro dejaba algo —una idea, una frase, una nueva mirada o el comienzo de otro relato— y luego nosotros tratábamos de darle forma con palabras. Sentarnos a esa mesa era nuestro ritual: un espacio sencillo y hermoso para escucharnos, recordar, escribir y seguir imaginando este proyecto.
Por eso lo que queda aquí no es solamente información. Queda la emoción de cada visita, el sonido de una conversación, las pausas mientras aparecía un recuerdo y la alegría de descubrir juntos algo nuevo que contar. En esos cafés y comidas se fue dibujando la vida de Mario, y también la promesa de continuar compartiéndola.
Durante años fuimos reuniendo este material poco a poco: fotografías, videos, libros, documentos y audios con su voz. Cada cosa que papá me entregaba nos permitía guardar una parte de su camino, de sus ideas y de todo lo que había vivido.
En los últimos años, mientras estuve en Argentina y pude compartir tiempo con él, aquella idea fue tomando forma. Hablamos de su legado, compilamos información y empezamos a trabajar en este proyecto. Queríamos darle un lugar a su historia para que sus hijos, sus nietos y quienes lo conocieron pudieran volver a encontrarlo en sus palabras y en sus recuerdos.
Una historia de más de veinte años
El origen de este trabajo se remonta a más de veinte años atrás, en Venezuela. Desde entonces, papá fue compartiendo conmigo ideas, relatos y experiencias que merecían ser conservados. Lo que al principio eran conversaciones y apuntes fue convirtiéndose, con el paso del tiempo, en un archivo vivo: páginas escritas, grabaciones, libros, fotografías, documentos y nuevos temas que él seguía preparando con entusiasmo.
Cada vez que yo llegaba a Argentina —y también cuando debía volver a partir— papá se emocionaba con la posibilidad de encontrarnos. Siempre tenía algo nuevo para contarme y algún material grabado o escrito para entregarme. Muchas veces nos reencontrábamos en la terminal de autobuses y, desde ese mismo momento, empezábamos otra vez a hablar, recordar, escribir y ordenar. Cada viaje agregaba una pieza más a esta historia compartida.
También trabajábamos en su casa. Allí, entre charlas y comidas, podía verse en las paredes una parte de todo lo que había reunido sobre sus libros, sus recorridos y sus proyectos. No era solamente una colección de recuerdos: era el mapa de una vida dedicada a pensar, escribir y sembrar conciencia. El 11 de septiembre de 2024 volvimos a sentarnos allí para conversar y reunir material para la promesa y para el libro.
El proyecto fue creciendo en esos momentos cotidianos: una tarde fría en Honey, en Güemes; una caminata por el Parque San Martín con Twinkie; un almuerzo después de visitar la fábrica de helados; un cumpleaños o una despedida. En cada encuentro hablábamos de futuros capítulos, del libro y de este documental. Compartíamos café, medialunas, ideas y, sobre todo, tiempo. Por eso esta página no nació solamente de los documentos que papá dejó, sino de la relación que construimos alrededor de ellos.
Había lugares que se convirtieron en parte de nuestro ritual. Uno de ellos era Pan y Manteca, un café de Mar del Plata con más de cincuenta años de historia, donde a papá le encantaba comer medialunas, pan tostado con jamón y queso y tomar café con leche. También disfrutaba Café Las Nubes, en la Torre Manantiales. Esas mesas conocidas nos daban el tiempo y la tranquilidad para seguir imaginando el libro, revisar recuerdos y dejar que aparecieran nuevas historias.
En aquel momento yo pensaba que todavía nos quedaban muchas reuniones por delante. Que siempre habría otro café, una nueva grabación por escuchar o una historia que papá recordaría de repente y querría contarme. No sabía que, mientras trabajábamos, también estábamos guardando nuestras últimas conversaciones. Cada fotografía de esos días conserva algo que no cabe por completo en una fecha: su alegría al verme, la confianza con la que me entregaba sus recuerdos y la ilusión de imaginar juntos lo que este proyecto podía llegar a ser.
Hoy, cuando vuelvo a abrir sus carpetas y escucho su voz, siento que aquellas charlas continúan. Papá está en sus palabras, en las notas que dejó, en las correcciones que hicimos y en cada detalle que todavía me ayuda a comprender su camino. Transformar todo ese material en esta página es mi manera de sentarme una vez más frente a él, de servir otro café y de decirle que no olvidé la promesa. La historia que comenzamos juntos sigue viva, y ahora puede ser compartida con la familia y con todas las personas que quieran conocerlo.
Cafés, medialunas y conversaciones
Muchos encuentros sucedieron alrededor de una mesa, con café y medialunas. Allí conversábamos sobre los libros, las fotografías, los audios y todo el material que queríamos publicar. Esos momentos compartidos fueron el verdadero comienzo de este memorial: escuchar, tomar notas y dar forma, junto a papá, a la historia que hoy podemos recorrer.
CÓMO COMENZÓ ESTA HISTORIA
Nuestras reuniones para construir este material













LA PROMESA ABRE OTRA HISTORIA
El secreto que Mario se llevó
Esta compilación de fotografías, audios, documentos y conversaciones es apenas el principio de todo lo que Mario dejó abierto. La promesa continúa en una obra que se está desarrollando: una historia, un libro y un documental sobre aquello que comenzó a revelarse después de su partida.
Si querés conocer qué ocurrió después, seguir las pistas y acompañar una búsqueda que todavía está en construcción, podés continuar leyendo desde aquí.
Próxima publicación · Material compilado por Mauro Gluzman
Seguir leyendo «El secreto que Mario se llevó» →«Hasta los 120»
Papá siempre decía: «Hasta los 120». Y nosotros también imaginábamos que habría mucho tiempo por delante: más conversaciones, más recuerdos por contar y la posibilidad de ver juntos este trabajo terminado.
Lamentablemente, no fue así. Papá se fue antes de que pudiéramos publicarlo. Pero la idea ya existía, el material estaba reuniéndose y había una promesa que yo le había hecho: continuar este trabajo para el día en que él ya no estuviera.
Por eso existe este lugar. Nace de lo que hablamos juntos y del compromiso de cuidar aquello que me confió. Su voz, sus libros, sus fotografías y su información fueron regalos que me dejó en vida y que hoy hacen posible cumplir esa promesa.
Gracias, papá
Gracias a todos los colaboradores que ayudaron a reunir, conservar y compartir este material. Cada recuerdo aportado nos ayuda a contar su vida con más cariño y a conservarla para quienes vienen después.
Y gracias a vos, papá, que en paz descanses. Gracias por darme tu tiempo, tus audios, tus recuerdos y tanto de tu historia. Por haber hablado de este proyecto conmigo y por dejarme todo eso para poder seguir después de tu partida.
No llegaste a verlo publicado. Me hubiese gustado mucho compartir este momento con vos. Pero sé que lo estás disfrutando.
La historia sigue… hasta los 120, como Mario decía.
Con amor, Mauro Gluzman
Este archivo sigue creciendo con las fotografías, los documentos y los recuerdos de quienes fueron parte de su vida.
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