Nací en Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, República Argentina, el martes 13 de marzo de 1945, a las 20,30 horas, en la Clínica Pueyrredón, ubicada en la Avda. Colón esquina Jujuy.
Mar del Plata
Nace el 13 de marzo, en una familia de raíces polacas.
En sus propias palabras
Mi padre, Israel Moisés Gluzman, de 37 años, nació en Kaluszyn, Provincia de Varsovia, Polonia, el día 13 de febrero de 1908, hijo de Elka Kukelka y Herech Gluzman.
En sus propias palabras
Llegó a la Argentina en el Buque Arlanza, en el año 1926.
En Buenos Aires ya vivían sus dos hermanos mayores, Salomón y Abraham.
En Polonia quedaron su madre y tres hermanas.
Nunca se supo nada de ellas. Se perdieron todos los rastros después de la 2da guerra mundial.
En sus propias palabras
Mi madre, Esther Melcharsky, de 32 años, nació en Plonsk, Provincia de Varsovia, Polonia, el día 26 de setiembre de 1912, hija de Cirla Bajgel y Efraín Melcharzky.
En sus propias palabras
Llegó a la Argentina en el Buque Arlanza, en el año 1928.
Ella viajo con su madre y su hermano menor, León.
En Argentina ya vivían sus tres hermanos mayores.
Se conocieron muy jóvenes en el grupo de polacos que vivían en Buenos Aires y mama a pesar de la oposición de su madre, se fue de la casa a vivir con mi padre.
Mis padres vivían en Buenos Aires, y en verano pasaban las vacaciones en familia en Mar del Plata, donde nací yo, pues ahí vivían los hermanos de mama y su madre, Abuela Cirla y mis cuatro tíos, Mauricio, Jacobo, Abraham y León.
Cuando nací ya había en casa dos hermanos.
En sus propias palabras
Franco Gregorio que nació el 11 de noviembre de 1933 y Pablo que nació el 27 de agosto de 1938, ambos en Buenos Aires.
Regresamos a Buenos Aires, donde ya vivían, en la calle Rio de Janeiro 1043.
Mi recuerdo de esa época era un árbol de higos, ya que con mi hermano Pablo nos ocupábamos de bajarlos del árbol.
Desde esa época me siguen gustando los higos.
Finalmente regresamos a vivir a Mar del Plata, aproximadamente entre mis cuatro y cinco años.
Recuerdo que fuimos a vivir a la calle Francia, entre San Martin y Avda. Luro, a una cuadra de la estación de trenes de Mar del Plata.
Luego a la calle San Juan entre Belgrano y Rivadavia, de inmediato a Belgrano 4163, dpto. 1, donde pasé mi infancia y juventud hasta que me casé en abril de 1968.
Bariloche
Viaje de bodas y comienzo de una nueva etapa familiar.
La escuela primaria la hice en la Nacional 95, ubicada a una cuadra de casa, calle Moreno entre San Juan y Pampa.
En esa época eran siete años la primaria, pues existía 1ro superior, intermedio entre 1ro y 2do grado.
Fui siempre buen alumno y en los últimos años me destaqué subiendo la bandera en la mañana para iniciar el día cantando y en las ceremonias de Fechas Patrias, una Bandera Ceremonial inmensa, que se desplegaba con seis escoltas para sostenerla abierta mientras la enganchaba al mástil y la iba subiendo.
Debía iniciar justo al empezar a cantar y terminar justo al terminar la canción, y lo lograba siempre.
Además, en 7mo. grado era el Segundo Abanderado de la Escuela, por buenas notas.
La única pelea callejera que recuerdo en mi vida fue en el último grado de primaria, con Julio Piekarz, otro chico judío, el abanderado y mejor alumno de primaria.
Fue en la esquina misma de la escuela y nos separó un buen compañero, Miguel Ruiz.
El escándalo fue tal que llegaron de la Dirección de la escuela y nos llevaron con un buen regaño por el triste ejemplo que dimos los dos mejores alumnos.
Me preparé para rendir examen de admisión a Secundaria en la Escuela Nacional de Comercio, con la hija de la directora de la escuela donde asistía, que era maestra y aprobé el ingreso.
En sus propias palabras
La primaria la cursé durante los años de 1951 a 1957.
En sus propias palabras
Cabe acotar, que, en 1952, y estando en 1ero. Superior, fallece el 26 de julio, a las 20,25 horas, Eva Duarte de Perón, esposa del Gral. Juan Domingo Perón, dictador de Argentina.
Remarco la hora pues desde ese día, todos los días las radios decían: 20 y 25, hora en que Eva Perón entro a la Inmortalidad.
Y el recuerdo que me marcó de esa época fue la obligación que tuvimos de marchar en señal de duelo, todos los alumnos vestidos de guardapolvos blanco con una cinta negra en el brazo.
Se hizo alrededor del Monumento al Gral. San Martin, ubicado en la intersección de Avda. Luro y Mitre, a una cuadra de la Catedral de Mar del Plata.
Pasamos mucho frio en pleno invierno marplatense.
En sus propias palabras
También en esa época, 16 de setiembre de 1955, se produjo el Golpe de Estado Militar que provoco la huida del Gral. Perón, y fin de la Dictadura.
Primero escapo a Paraguay, luego a Panamá, Nicaragua, Venezuela, Republica Dominicana y finalmente a España.
En todos esos países había dictaduras militares.
La quinta donde residía Perón en España estaba ubicada en la distinguida zona de Madrid, llamada Puerta de Hierro, que se hizo famosa por los viajes de los políticos a visitarlo.
Por estar viviendo a tres cuadras de la terminal de trenes de Mar del Plata, ubicada en Avda. Luro y San Juan, y ante rumores de que iban a bombardearla, nos fuimos durante ese día de la casa a la de los tíos Mauricio y Ofelia, en la Avda. Independencia.
Recuerdo que mi hermano mayor Franco, estaba en Buenos Aires, haciendo el servicio militar obligatorio, dos años en la Marina, y había preocupación por el, hasta que finalmente él se comunicó con el negocio de ferretería de los tíos Jacobo y Abraham, quienes nos avisaron que estaba bien.
En sus propias palabras
Siguiendo el relato de fin de primaria y habiendo rendido en diciembre de 1957, el examen de ingreso a secundaria, ese verano de enero y febrero de 1958 lo aproveché con un curso de Mecanografía en Academias Pitman, ubicada en la esquina de Avda. Independencia y Rivadavia, donde aprendí a escribir sin mirar el teclado.
Me fue de gran utilidad durante la secundaria y en toda mi vida laboral.
En secundaria la hora de mecanografía la tenía libre pues yo sabía, y tenía la materia eximida.
Inicie el 1er año en la Escuela Comercial Mariano Moreno, ubicada en calle Mitre esquina Alberti.
Me toco la División B, idioma Frances.
El Rector era Pedro Ezequiel Calleja, y su hija Diana era compañera nuestra, pero en otra división.
De inmediato tuve muy buena relación de amistad con dos compañeros, Víctor Francisco Iriarte (Chacho) y Juan Alberto Krzanowski.
Con Chacho, dada su cercanía con mi casa, vivía a dos cuadras, en Bolívar y Olazábal, pasaba por su casa e íbamos juntos caminando cuando el tiempo así lo permitía.
Íbamos al turno tarde, almorzaba temprano y a las doce del mediodía ya salía hacia la escuela.
Hasta cuarto año inclusive lo curse en el turno diurno, y ya el último año, en el nocturno pues de día trabajaba de Auxiliar de Administración, en una Empresa de Instalaciones Sanitarias, Antoñanzas Hnos.
Tuve dos jefes muy buenos con quienes aprendí mucho, Santi Esteban y Mendieta.
En un verano anterior estuve también trabajando de aprendiz en una Oficina Contable, donde me fui iniciando.
Fueron mis comienzos en un campo laboral al que le dedique toda mi vida profesional, como Administrador de Empresas.
También en otro verano anterior, con 15 años, trabaje como ayudante y repartidor en bicicleta en un bazar de verano en Las Heras casi esquina Colon, con la Familia Urman, vecinos de la calle Belgrano, con quienes nos unía mucha amistad, eran también de origen judío, de Rumania y sus hijas Raquel y Mabel mis amigas de la infancia.
Con los chicos del barrio jugábamos a la pelota, en la calle y en el pasillo de casa.
Y nos gustaba jugar con cochecitos plásticos pequeños en el cordón de la vereda y dábamos la vuelta por toda la manzana.
Para hacerlos más pesados, los rellenábamos con plomo que nosotros mismos derretíamos de tubos de pasta dental.
Haciendo huecos en la tierra con la forma del cochecito, ahí volcábamos el plomo derretido, que luego ajustábamos al cochecito con algún tornillo o alambre.
Junto a Pablo Cappelletti y Marta Rodríguez, vecinos también en la calle Belgrano estábamos siempre juntos los cuatro, menos Raquel que era un poquito mayor a nosotros.
En esa época ya comenzaba a ir a SUIM, Sociedad Unión Israelita Marplatense.
Eran las primeras reuniones sociales, bailes, cumpleaños, fiestas.
Me hice de buenas amistades femeninas y de confianza de sus padres y era el responsable de buscarlas, ir juntos a las fiestas y llevarlas de regreso.
Éramos todos vecinos cercanos y todo era caminando.
Incluso la sede de SUIM, en calle España entre Belgrano y Rivadavia, era muy cerca de casa.
Cuando termine la secundaria renuncie a mi trabajo pues fui a trabajar por el verano a la confitería Boston, famosa por sus medialunas de manteca.
Mis hijos llegaron a conocerla cuando comenzaron a viajar a Mar del Plata.
Estaba ubicada en calle Buenos Aires, entre Belgrano y Moreno, frente al Casino Central.
Un compañero de secundaria y amigo, Osvaldo Manuel Amado, trabajaba ahí, y me recomendó para entrar.
Uno de los socios, Don Manuel Álvarez era el tío de Teresa, novia de Osvaldo, quienes luego se casaron y se hicieron cargo de la confitería.
Ganaría más por la sumatoria de sueldo y propinas.
En sus propias palabras
Era el verano de 1963.
En febrero de ese año, mi hermano Franco se fue con su familia a Israel.
En sus propias palabras
Franco se había casado en Buenos Aires, con Celia Spollansky, en diciembre de 1956 y ya tenían dos hijos.
En sus propias palabras
Armando Ezequiel que nació el 27 de mayo de 1958 y Damián Ariel, nacido el 1 de enero de 1962
Como dato, yo había iniciado hacia un año, las gestiones para viajar a Israel a prepararme como Madrij.
Papa me había firmado la autorización para viajar, pues era menor de edad.
Había viajado a Buenos Aires a las oficinas del movimiento Shomer ha TSair, que era la organización judía que enviaba a jóvenes de cada comunidad a prepararse, para que, al regresar luego de la capacitación,
pudiéramos fungir como Madrijim, guías de grupos juveniles dentro de las comunidades.
Por supuesto ese proyecto mío quedo postergado ante la situación laboral de mi padre, que quedo sin trabajo en la fábrica de pantalones en 1962, donde era el cortador, la partida de mi hermano mayor a Israel, luego su frustrado intento de suicidio y la proximidad del casamiento de mi hermano Pablo.
Tarde 24 años en ir a Israel, pero ese sueño lo cumplí.
Llegué el viernes 5 de setiembre de 1986, ya casado por segunda vez y con cuatro hijos.
Israel
El 5 de septiembre llega al país que había soñado conocer desde 1962.
Continuando, mi hermano Franco vino por el día a despedirse a Mar del Plata, y como yo trabajaba en la confitería, se acercó con mi padre hasta la puerta.
Era tanta la gente que había dentro y mucha la que quería entrar, que solo lo pude saludar desde adentro levantando la mano y el desde afuera haciendo lo mismo.
Cabe destacar que los primeros días entre a trabajar como lavaplatos, así que vivía mojado, entre platos y tazas.
Pero, cada vez que un mesonero dejaba la bandeja con lo que había que lavar, les preguntaba el precio de cada producto y me los aprendí todos, esperando una oportunidad de salir al salón a servir mesas.
Y ese día llego.
Falto un mesonero, había demasiada gente y me ofrecí de inmediato a salir al salón, aunque no tenía el uniforme adecuado.
Y Don Manuel Álvarez que estaba en la caja, cuando llegue para marcar el pedido con la bandeja cargada antes de entregarlo, y le dicto todos los precios, me miro sorprendido de cómo era que conocía todos los precios.
Desde ese día me quede en el salón, me dieron el uniforme de mesonero y así termine la temporada.
Entre los clientes habituales, estaba Don Demetrio Eliades, dueño de Alfajores Havanna, testaferro del famoso multimillonario griego don Aristóteles Onassis.
Había que servirle rápido el café bien caliente con una medialuna y nos dejaba un peso de propina.
Nadie quería atenderlo, pero, si su mesa estaba en nuestro sector de trabajo, no había opción.
Terminada la temporada de verano, deje de trabajar en la confitería Boston.
En ese mes de febrero de 1963, a los pocos días de que mi hermano Franco ya se había marchado a Israel, una mañana, nos despierta a mi hermano Pablo y a mí, que dormíamos en la parte alta de la casa, subiendo por una escalera externa hacia la terraza desde el patio de la casa, los gritos de mi madre.
Mi padre, que estaba desempleado desde hacía unos meses, agobiado por esa situación y sumado a ello la partida de su hijo mayor, intento agredirse físicamente
prendiendo fuego con kerosene a unos trozos de tela que tenía en su taller de sastrería en la casa.
Los coloco sobre un banco de madera que había en casa e inclino su cuerpo sobre el fuego.
Tuvo quemaduras en el pecho y el cuello.
Lo trasladamos al hospital Mar del Plata, relativamente cerca de casa y luego de ahí con la gestión de mi primo Efraím, se lo traslado al Hospital Regional, así se llamaba en esa época, con mucha más capacidad de atención para esos casos de quemaduras.
Como anécdota familiar en mi niñez y juventud en esa habitación en la terraza de la casa, sin llave para cerrar la puerta, y el viento que soplaba muy fuerte, tenia para protegerme una vara dura debajo de la cama.
Instinto de supervivencia.
Esa vara fue motivo de varias anécdotas por parte de mi cuñada Silvia.
Además, cuando estaba castigado por mi padre por alguna de mis travesuras, sin poder salir, desde ahí, saltaba hacia el techo del vecino del dpto. 2, bajaba al pasillo y me escapaba a la calle.
Continuando en el año 1963, busque trabajo al terminar en la confitería Boston y por intermedio de mi amigo Juan Alberto Krzanowski, que me recomendó al Estudio Contable del Contador Julio Raúl Diez, con oficinas en el Edificio Sacoa, por calle Rivadavia, 2do. Piso, inicie formalmente mi capacitación en el Área Contable.
En esa oficina pude aplicar lo que había aprendido de escribir a máquina sin mirar y lo apliqué también a las máquinas de sumar Olivetti, manuales y eléctricas, lo que me daba una gran ventaja a la hora de tener que sumar columnas y controlar estados de cuentas.
Ahí conocí al socio del Contador Diez, Constantino José García, 15 años mayor que yo, excelente ser humano, jefe y compañero, y al Contador Juan Carlos García Prieto, amigo y vecino del Contador Diez, que estaba recién graduado e iniciando su carrera profesional.
Mi hermano Pablo que estaba de novio con Silvia Rita Fuks, que vivía en Buenos Aires, se casa el jueves 4 de Julio de ese año.
En sus propias palabras
Cuando me presentan a Silvia, unos años antes, en julio de 1960, en Buenos Aires, donde mis hermanos Franco y Pablo vivian, y yo pasaba unos días por las vacaciones escolares de invierno, invitado por ellos, me despiden en el terminal de ómnibus de la Empresa Micro Mar en Retiro.
Estaban Pablo, Silvia y mi primo Enrique.
Y yo al despedirme de Silvia, queriendo decir otra cosa, me sale:
Espero verte en mejores condiciones.
Por supuesto la reacción fue de risa y mi primo Enrique acota:
¿Es que la ves tan mal?
Eso me marco y quedo como anécdota para toda la vida.
Siguiendo el relato de 1963, para el casamiento de Pablo y Silvia, viajamos todos a Buenos Aires, incluso mi padre que estaba recuperándose de los injertos de piel en cuello y pecho.
Pablo y Silvia regresan a vivir a Mar del Plata y durante unos meses están en casa.
Pablo trabajaba en carpintería y en su trabajo le toco amoblar una confitería bailable en la calle San Martin y Corrientes, frente a Galerías Sacoa.
Se llamaba Mon Petit.
Se inauguro el sábado 21 de setiembre de 1963, y le obsequiaron entradas para ir.
Me regalo una a mí y fui el domingo 22 de setiembre.
Y ahí conocí a Nidia Beatriz Noel, que estaba en una mesa con sus amigas de la Escuela Normal, para Maestros.
Luego de varios intentos con movimientos con la cabeza de invitarla a salir a bailar, finalmente acepto.
Lo demás fue historia.
Nos casamos el 1 de abril de 1968.
Antes, con el esfuerzo de ambos, pudimos construir nuestra casita, en el fondo de un terreno de sus padres, en la calle Don Bosco 3231, casi esquina San Lorenzo.
Para lograr que se desocupe, pues había una familia con una casita de chapas, les ofrecimos mudarse sin costo a un terreno que habíamos comprado con Nidia en cuotas
en la firma Pologna y Cía., que era muy retirado de la ciudad.
Y con ese trato, Aurelio Arana y Esther Garat, los padres de Nidia, nos dieron la tercera parte de ese terreno.
En esa época las calles de esa zona aun no estaban asfaltadas, no había cloacas ni agua corriente, era una zona en desarrollo.
Los fines de semana yo hacía de ayudante del albañil, un vecino de la calle Italia, que se ocupó de colocar los pisos y azulejos.
Habíamos contratado a una empresa que hizo la estructura de la casa y los cerramientos, pero sin las terminaciones.
Y así hicimos con los demás gremios.
Luego los padres de Nidia construyeron dos casitas delante de la nuestra, para rentarlas y con Pablo les construimos la casita a mis padres en el patio de atrás de la casa.
Fue una bella época.
Retornando al año 1963, Pablo y Silvia se mudan, y se le alquila el cuarto de arriba, en la terraza, a un compañero de trabajo de Pablo en la carpintería, Hercilio Pavic, de origen italiano, que estaba solo en Argentina.
A él fue a quien le compre mi primera máquina de sacar fotos.
Con esa máquina les saque a mis padres una foto en la terraza de casa, que desde ese día me acompaña siempre.
Papa se estaba recuperando muy bien de las quemaduras, pero el shock le hizo perder la memoria y solo me reconocía a mí.
Ante esa situación y sin recursos económicos para un tratamiento adecuado a nivel psicológico, hable con los Paisanos de Polonia, su grupo de amigos Polacos de Buenos Aires, que venían todos los años en diciembre a pasar unos días a Mar del Plata.
Mi recuerdo de sus visitas, siendo yo muy niño, eran los atracones con masas dulces, cremas y chocolates que traían a casa para compartir el te mientras charlaban.
En sus propias palabras
Estamos en el año 1964.
Me dicen que lo lleve a Buenos Aires y así lo hago.
Llegamos a la casa de Luisa y Enrique, los padres de mi cuñada Silvia en la calle Rivadavia.
Y yo que llevaba el número de teléfono para llamar a los amigos, por alguna razón estaba errado.
Lógicamente tenía también la dirección de ellos.
Y Papa me dice, llama a este número. Y era.
Grata sorpresa ese momento de lucidez.
Hablo y me dan los datos del Psiquiatra que lo va a recibir en su consulta privada, ellos la pagaron.
Nos atiende al día siguiente y resulto ser el director del Vieytes, Popularmente conocido como el Manicomio Vieytes, el Hospital Neuropsiquiátrico de Hombres, en el Barrio de Barracas, hoy llamado Hospital Borda.
Por la relación con los amigos de mi padre y el compromiso mío de no dejarlo ahí abandonado, como me decía el Dr. que los dejaban y nunca más se ocupaban de visitarlo ni buscarlo, me cita al día siguiente al Hospital para internar a mi padre.
Me acompaño mi primo Enrique Gluzman, que vivía en Buenos Aires.
Mientras estábamos en la oficina llenando los formularios, un enfermero viene a buscar a mi padre y se lo lleva.
Terminado el trámite me traen su ropa, yo salgo corriendo para ver a donde lo llevan , ya están lejos y no puedo despedirme.
Me dan las instrucciones de las visitas y regreso a Mar del Plata.
Viajaba mi madre una semana a visitarlo y la otra yo, siempre en fin de semana.
Algo marco mi vida en esas visitas.
Al llegar, los enfermos no agresivos, estaban libres en el patio y los jardines, y nos estiraban las manos, pidiendo caramelos o cigarrillos.
Nos indicaron llevar en los bolsillos y entregarles.
Treinta y tres años, después, en uno de los talleres en Maracay, Aprendiendo a Ser, con los Dres. Carlos y Margot Medina, nos piden hacer una introspección para encontrar el momento en que decidimos dedicarnos a lo que nos estábamos dedicando en nuestras vidas.
Y surgió ese momento en el patio del Hospital Vieytes, que, ante tanto dolor humano, me dije para mis adentros que me voy a dedicar a ayudar a sanar la mente de la gente.
Continuamos con las visitas semanales durante aproximadamente dos meses y medio.
Le aplicaban electroshock y la mejoría era notoria.
Durante la semana, Luisa lo visitaba y le llevaba comida casera.
Estaba tranquilo.
Un buen día, tocan el timbre de casa y era el que había regresado totalmente recuperado.
Pablo no podía viajar, el 22 de abril de 1964, nació Alejandro Marcelo, su hijo mayor.
Era duro su trabajo de carpintería y el fin de semana atender a su familia con él bebe de meses.
En el verano de 1964, y a fin de poder aportar más a los gastos de la casa, pedí permiso en la oficina contable para hacer horario corrido de 13 a 19 horas, así podía trabajar de noche.
Conseguí en una Boîte, (boliche, discoteca), ubicada en la Avda. Constitución, donde estaban todas las mas importantes de la ciudad.
Se llamaba Pancho Freddy, era muy concurrida, y trabajaba desde las 21 horas hasta la madrugada.
Los fines de semana el horario era más extenso.
Llegaba a casa ya de día para desayunar y acostarme.
Empecé como ayudante en la barra, del Barman, hasta que un día, este se peleó con el encargado del local y lo despidieron, así que quedé como Barman.
Empecé a conocer los trucos de servir tragos y a robar Whisky, pues si bien la botella era para 20 medidas debía sacarle mínimo entre 25 a 30 medidas.
Para ello se usaba una de las copas de metal para medir y servir que tenían relleno de plomo hasta la mitad.
Así comencé mi vida delictiva en los trabajos de atención al público.
Terminada la temporada volví a mi vida normal de horario de trabajo en oficina.
Nidia estudiaba Licenciatura en Psicología, y debía presentar un caso de una Orientación Profesional para ingreso a la Universidad.
Yo fui su caso de estudio.
Por cierto, muy interesante el resultado.
Salió que tenía igualdad de posibilidades de hacer carrera en Trabajo Social o en Administración y Contaduría.
No entendía que era eso de Trabajo Social, y como ya estaba trabajando y muy bien en el área de contaduría, por supuesto me incline por esa carrera.
En sus propias palabras
En el año de 1966, y a instancias de Nidia y del Contador Diez con quien trabajaba, quien fuera nombrado titular de la catedra de contabilidad de 1er año en la Universidad Provincial de Mar del Plata, Facultad de Ciencias Económicas, ubicada en la esquina de Alberdi y San Luis, comienzo a estudiar la carrera de Contador Público.
Curse 1er año, y presente únicamente dos materias Contabilidad y Filosofía.
Apruebo ambos exámenes y comienzo a cursar 2do. año.
No me iba bien con matemáticas financiera, y ya estaba adelantado en la construcción de la casa y además llevaba contabilidades para aumentar mis ingresos, por lo que deje los estudios.
A la largo de mi carrera profesional y dada la gran experiencia que había ido adquiriendo en los trabajos, nunca necesite del título universitario y llegue a ocupar cargos de Gerente de Administración y Administrador General de varias empresas, ocupando siempre cargos de mucha confianza, tanto en Argentina como en Venezuela.
Olvide mencionar que un verano, no recuerdo cual fue, y por recomendación del padre de mi amigo Juan Alberto Krzanowski, que trabajaba en el Hotel Provincial, uno de los dos edificios iguales al del Casino Central, ingrese a las oficinas de administración del hotel.
Grata experiencia de trabajo en una empresa de ese nivel, aunque solo fuera como auxiliar administrativo.
Sirvió mucho a mi capacitación laboral.
Retornando al regreso de mi padre, ya recuperado, en el año de 1964, por conocidos del club español, a donde iba los fines de semana un rato a jugar Domino con sus amigos, y luego regresaba para salir a pasear los domingos con mi madre y conmigo, recuerdos de pequeño, consigue que le den billetes de lotería para ir a vender a los restaurantes.
Era una costumbre de esa época.
Se vestía muy bien, como buen sastre que era y así comenzó a ganar autoestima nuevamente y sentirse útil.
Luego un amigo del club, el Sr. Gonzalez, que tenía cerca de casa una fábrica de sacos para damas de lana tejidas tipo tela compacta, le ofrece trabajar desde la casa, armando las prendas tipo sastre.
Era el oficio de mi padre.
Y así comenzó nuevamente a trabajar y auto sustentarse.
Luego le resolvimos el tema de la jubilación y ya se estabilizo bien.
Debo mencionar que, de niño y adolescente, los pantalones y los sacos me los hacia mi padre.
Yo me pasaba horas en el taller con el mirándolo trabajar y conversábamos.
Esa observación de años me sirvió de adulto en Venezuela.
En ese año 1964, como era la tradición anual en la argentina, se realizaba el sorteo militar en base a los tres números finales de lo que era en esa época la Libreta de Enrolamiento, hoy D.N.I., para ser asignados a cumplir el Servicio Militar en algunas de las tres fuerzas armadas.
Aviación, Ejercito y Marina.
Tuve la gran suerte que me tocara el numero 022, por lo que, por excedente, con total seguridad no ingresaría y quedaría exceptuado.
Y efectivamente así fue.
Ese año, del número 100 para abajo quedábamos exceptuados.
Y así quedo registrado en mi Libreta de Enrolamiento.
Eso no me salvo de ir a revisión medica a la ciudad de Tandil, pues eso también definía quienes eran los aptos y en base a eso iban completando las necesidades de soldados.
Los tíos de Nidia vivían en Tandil y eso me permitió estar con ellos y visitarlos.
Nos enviaron los pasajes en tren de ida y vuelta, y como debía evitar gastos, hice el viaje en tren y conocí a un buen muchacho, Ricardo Cámara con quien luego de cada día de revisión, salíamos a recorrer Tandil y el lugar donde existió la piedra movediza.
En uno de esos paseos, subimos tanto, que luego no sabíamos como bajar y nos asustamos, hasta que finalmente, con un poco de riesgo, logramos bajar.
En el tren de ida, nos enteramos de que el anterior, de unos días antes, por mal comportamiento en el mismo y mucho desorden fue enviado directamente al Sur.
Todos al ejército. De una buena me salve.
Quien, si hizo el Servicio Militar en el Sur, en Rio Gallegos, fue mi hermano Pablo, unos años antes.
Por su oficio de carpintero la paso muy bien trabajando en la carpintería y algunos fines de semana en la casa de algunos de sus superiores instalándoles los trabajos que les pedían para ellos.
Como había mencionado, el lunes 1 de abril de 1968, nos casamos por civil con Nidia y luego de un brindis intimo en casa de mis padres, nos fuimos de viaje a Bariloche en autobús.
Disfrutamos mucho el paseo y la ciudad, era una linda época otoñal y compartimos paseos con una pareja de recién casados, ellos sordomudos.
Ya Nidia se había graduado y estaba trabajando en su área de Apoyo Escolar y yo en la oficina Contable.
Ya estaba llevando contabilidades por mi cuenta y tenía algunos clientes privados.
Comencé a incursionar en el área de impuestos y fui especializándome en esa área que era muy lucrativa.
Nidia con su amiga Nilda Dell Olio, en verano comenzaron a trabajar en González Fischer y Cía., que promovía la venta de lotes del Bosque Peralta Ramos.
Eran promotoras de ventas a comisión.
No recuerdo en que año exacto fue, pero yo tuve una rebeldía con mi jefe en el Estudio Contable y me fui.
Di un examen de admisión para trabajar en el Banco Español y del Rio de la Plata, en esa época ubicado en la esquina de San Martin y Santiago del Estero, frente a lo que era la confitería Jockey Club.
Me enviaron a Buenos Aires a casa central para las pruebas de admisión y evaluación junto a otros jóvenes y quede seleccionado.
Ingrese de inmediato a mi regreso a Mar del Plata, y a pesar de que originalmente seria asignado al dpto. de créditos, por urgencias temporales me ubican en la mesa de clearing bancario de cheques, donde estaba bajo fuerte presión sumando por banco todos los cheques que depositaban los clientes para luego de cerrar la atención al público, hacer el cuadre con las cajas y contabilidad y salir disparado al Banco de la Nación Argentina, en la esquina de San Martin y Córdoba, a la sala de clearing interbancario, a una cuadra de donde trabajaba, para
sentarnos con los demás bancos entregando y recibiendo los paquetes con los cheques.
Nuevamente el hecho de que yo era muy hábil y rápido para sumar con las calculadoras me daba mucha ventaja en ese puesto, pero, me fueron dejando y nunca me quisieron sacar de ahí, pues decían que era bueno y lo hacia muy bien.
Recuerdo que, al ingresar, el Gerente, Don Ricardo, me pregunta que porque quiero trabajar en un banco.
Todo orgulloso le digo que para hacer carrera y llegar a ser Gerente como el, y se ríe.
En esa época ser empleado bancario era muy buen nivel de beneficios e ingresos.
Pero, un día, casi 9 meses después, por un grave problema, de un depósito que entro por error a una cuenta equivocada, ese cliente lo retira y no lo quiere devolver a quien de verdad le correspondía, al Gerente le da un ataque al corazón y se muere.
El era un poquito mayor, tenía una señora más joven y un niño muy pequeño.
Eso ya no me gusto, decidí salir del banco y conseguí trabajo con un Sr. Roberto Federico Fein Pastoriza, cliente del banco, a quien conocía de mi época de trabajar en las oficinas de galería SACOA.
Él era distribuidor exclusivo en Mar del Plata, de aluminio Hornal, recipientes de aluminio para el horno.
Era el inicio de ese producto en Argentina.
Se estaba ampliando y necesitaba apoyo, así que me contrato.
Mantuvimos muy buena relación personal y de trabajo, era casado y no tenían hijos, y se encariñaron con nosotros.
No recuerdo cuanto tiempo trabajé con el hasta que en busca de mejores ingresos y oportunidades conseguí entrar en las oficinas de Gonzalez Fischer y Cía.
Nidia ya trabajaba con ellos de promotora en el Bosque de Peralta Ramos los fines de semana y yo me hice cargo de la oficina inmobiliaria ubicada en Bvard. Peralta Ramos justo enfrente del Edificio del Hotel Provincial.
Vendíamos los lotes del Bosque Peralta Ramos y además todo tipo de propiedades.
En sus propias palabras
Era el año 1970 aproximadamente.
Es en esa época que conozco en esa oficina a Juan Bautista Calderoni Testi y a toda su familia.
Se hizo cliente mío de confianza y compraba muchas propiedades y lotes del Bosque.
Ellos vivian en Buenos Aires donde tenían Industrias en la localidad de Quilmes, y otros negocios familiares.
En paralelo yo siempre tenia clientes privados de contabilidades e impuestos.
En sus propias palabras
Trabaje en esa oficina hasta aproximadamente 1973.
Renuncie pues Argentina anuncio un Blanqueo de Capitales.
Había ganado buena experiencia en el Área Impositiva y Contable.
Trabajaba también fuera del horario de trabajo en una Oficina Contable Impositiva del Sr. Carlos Antonio Pomadoro, ubicada en Avda. Luro esquina Rioja, y aprendí mucho también.
En esa época los asesores impositivos se organizan para poder trabajar en forma independiente, y crean C.A.S.I.R.A., Cámara de Asesores Sociales e Impositivos de la Republica Argentina.
Me inscribo con los detalles y antecedentes de mi experiencia laboral en ese campo y logro mi Certificado.
Y cuando la D.G.I. Dirección General Impositiva anuncia ese blanqueo, era una tremenda oportunidad de hacer buen dinero y en poco tiempo.
Tenía un buen amigo que trabajaba en esa dependencia y le pedí que me revisara las declaraciones de blanqueo con ojos de inspector de D.G.I.
En tres meses gane mas que en todo un año de trabajo en la oficina como empleado.
Durante ese periodo, ya trabajaba también llevando una muy buena contabilidad en una empresa familiar, Sres. José Edmundo López y su yerno Juan Vicente Giuria.
Se estableció una bella relación de amistad, pues iba a la casa de ellos en las noches a ordenar la contabilidad y muchas veces cenaba con ellos en familia.
Luego ellos terminaron de construir su sede y vivienda en la esquina de Juan B. Justo Esquina España, frente al Polideportivo.
Ahí ya no pude seguir, preparé a una persona que siguiera trabajando pues había que cumplir horario.
Yo ya tenía buena clientela, y una secretaria en casa.
Ellos vendían todo tipo de herramientas para talleres mecánicos.
Siempre conserve la amistad con ellos y en cada visita a Mar del Plata, era una cita obligada.
En una oportunidad los visite con David y Mauro.
En sus propias palabras
Repasando acontecimientos de esos años, se destaca que, en los primeros meses de 1971, Nidia quedo embarazada, pero antes de los tres meses lo perdió.
Yo me enojé muchísimo, pues decía que no se había cuidado lo suficiente y me fui de la casa.
Incluso iniciamos el divorcio y cuando salió aprobado pedimos anulación y reiniciamos la vida en pareja.
En esa época compramos nuestro primer auto, un Renault 4 L.
Luego compre un Jeep IKA, todo terreno, con cabina abierta atrás, que un amigo, Roberto Sánchez, me lo vendió en cuotas mensuales, y lo usaba para transportar los materiales de construcción
En febrero de 1972, nos vamos de vacaciones a Villa Carlos Paz, Córdoba.
Villa Carlos Paz
Viaje familiar a Córdoba; ese año nace Sebastián.
Al salir del hotel, el dueño nos regala una foto de la habitación donde habíamos estado y nos dice: recuerdo del lugar donde hicieron al niño.
Efectivamente había quedado embarazada y Sebastián Moisés nació el 19 de noviembre de ese año.
Ya mis padres estaban viviendo en la casita de atrás, y papa paso algunos problemas de salud que fue superando.
En un control médico queda internado para chequeos en el Hospital Privado de la Comunidad, en Calle Córdoba y Juan B. Justo.
Yo pasaba de mi trabajo en Punta Mogotes, en las oficinas nuevas de Gonzalez Fischer, a visitarlo al hospital.
Esa noche, del 18 de julio, pase y me dice que se me va a hacer tarde para ir al otro trabajo con la familia Giuria y López, en San Juan y Ayacucho, que me vaya rápido.
Justo me piden unas medicinas, que las podía llevar al día siguiente.
Así que fui y las compre en la farmacia de Empleados de Comercio en Córdoba y Belgrano y me regreso a llevárselas.
Se sorprende nuevamente al verme y me voy rápido.
Fue la última vez que lo vi con vida.
En la mañana, del miércoles 19 de julio, entran a la oficina de Punta Mogotes dos personas que preguntan por mí.
Eran un médico y una trabajadora social del Hospital y que debía acompañarlos.
Comienzo por sospechar y a preguntar ante las evasivas de ellos, y finalmente me dicen que falleció en la madrugada.
Que habían avisado a la policía que nos informe, pero nunca fueron.
Ellos fueron a casa, estaba Nidia, los atendió y les dijo dónde estaba yo.
Ya enterado, les pido pasar por el taller de Pablo para avisarle y sigo con Pablo, para hacer todas las gestiones.
Lo duro fue avisarle a mama en casa.
Fue muy fuerte para todos, algo tan inesperado.
En el cementerio yo estaba muy enojado, y no dejaba sacar el cuerpo ya en el cajón, luego del baño tradicional, sin que pudiera ver su cara, pues aún no lo creía.
Me permiten ver su cara y ahí ya me calmé.
Luego en la ceremonia de despedida hacen los rezos y por supuesto no entendí nada.
Le pido al Jazan que oficiaba, el Sr. Mendelovich, que me explique.
Me invita a su casa y me tradujo la oración de despedida.
Desde ese día la aprendí de memoria y la comparto siempre en esas ocasiones, pues la considero de gran ayuda.
“Ruego porque el alma de quien en vida fuera… se una al manantial de vida de las almas vivientes y encuentre reposo bajo las alas del Creador.”
En recuerdo de mi padre es que cuando nació Sebastián lleva como segundo nombre Moisés.
Al mes mama fue a un chequeo médico al Hospital Regional y cuando están los resultados de sus estudios, la acompaño a la consulta, y el Dr. un especialista en Oncología, me llama en privado y me dice que lo que tiene es un tipo de Cáncer, llamado Linfoma de Hodgkin, que se desarrolla en el sistema linfático.
Me dice, en esa época, 1972, que máximo podría vivir 18 meses.
Al llegar a casa, hablo con ella, le explico, y lo asumió con entereza.
Inicio los tratamientos, y nunca se quejaba de nada.
Su caso fue presentado en congresos médicos en argentina.
Vivió 7 años más, un récord en esa época para ese cáncer.
En sus propias palabras
Falleció el lunes 5 de noviembre de 1979.
Yo ya estaba viviendo en Venezuela desde 1977 y no pude regresar.
Venezuela
Comienza una larga etapa entre Caracas, Puerto La Cruz, Maracay y Los Teques.
Esa mañana tengo un sueño, en que estoy en casa de mis padres en calle Belgrano, durmiendo en la habitación de la terraza, y mi madre desde el patio de abajo, por las escaleras, me grita que me levante, para ir a trabajar.
Luego en la mañana, me llama Nidia por teléfono para avisarme que había fallecido.
Fue su manera de despedirse conmigo.
Mantenía con ella una conexión muy fluida, cartas, llamadas telefónicas y conexiones mentales.
Cuando la visitaba, me sentaba a los pies de la cama de ella y compartíamos un rato.
Yo pasaba casi todos los días por el dpto. de San Martin pues era cerca del Banco donde iba a hacer gestiones.
Y eso mismo hacia mentalmente estando lejos.
Y ella lo sentía, y cuando hablábamos o me escribía me lo decía.
En esos últimos años, recibía los libritos semanales de los Rosacruces, A.M.O.R.C., Antigua y Mística Orden Rosa Cruz, con sede en California, USA, Metafísica pura, y eso la ayudo muchísimo también.
Retornamos al año 1972, cuando nació Sebastián Moisés, el domingo 19 de noviembre.
Por recomendación del tío Abraham, llevamos a revisar a Sebastián a un médico de su confianza y recomendó hacerle en la clínica, la circunscripción.
Hicimos luego en casa un pequeño brindis muy íntimo.
Mama, que vivía en su casa, conectada a la nuestra por el patio de atrás, nos apoyó muchísimo.
Yo la primera semana, como ya fue tradición luego, me quede a atender a la madre y al niño.
En 1973, estando aun trabajando en Gonzalez Fischer y Cía., en la oficina de Punta Mogotes, recibo invitación de Juan B. Calderoni, que inauguraba su oficina Inmobiliaria Roxter en la calle Corrientes 1758, entre San Martin y Rivadavia.
Me pide que le lleve la contabilidad desde mi oficina, que la tenía en la parte alta de la casa de mama, donde antes estaba el taller de sastrería de papa.
Juan venia mensualmente a la oficina, y mama decía que parecía un actor de cine.
Muy formal en su manera de ser, trajeado y siempre el cabello muy arreglado.
En sus propias palabras
En 1974, viaja con su esposa Graciela a Europa de vacaciones, y me pide si puedo ir medio día a la oficina de Roxter a supervisar todo.
Por supuesto que acepte.
A su regreso de viaje, llega enfermo de hepatitis y no podía ir a verlo.
Ya casi recuperado, me pide visitarlo y me invita a formar parte de su equipo, en el proyecto de Construcción de Edificios bajo el Sistema de Administración al Costo.
Sumamente interesante y lucrativa la oferta, que lógicamente acepte.
Le deje mi oficina con toda la clientela a Hilda Ortiz de Gil, esposa de Agustín Gil, gran amigo de mi hermano desde la juventud.
Ella era contadora publica, se estaba estableciendo en Mar del Plata y acepto.
En ese año 1974, en febrero, viajamos con Nidia y Sebastián, junto a mi amigo Juan Krzanowski, su esposa Martha Gutiérrez, y Mariana, su bebita que tenía casi la misma edad de Sebastián, nació el 15 de mayo de 1972, a pasear a Villa Carlos Paz, Córdoba.
Fue un lindo paseo con los niños.
Nidia queda embarazada unos meses después, pero, decide que no quiere tenerlo.
Respeto su decisión y le digo que, si lo hace, hasta ahí llegaba yo.
El miércoles 11 de setiembre de 1974, día del maestro en argentina, organizo para internarse.
La acompañe, espere el resultado del procedimiento, y cuando ya estaba en su habitación de la clínica, la salude y me fui.
Retiré mis cosas de la casa y me fui a la de mama.
Ya estaba trabajando muy bien en Roxter Inmobiliaria, comencé a buscar un pequeño apartamento en cuotas, y conseguí con un Sr. Amigo, Mario Yusem, que lo estaba terminando de construir, uno pequeño en calle San Martin 3916, P.B., casi esquina Guido, pegado al cruce de trenes, y a una cuadra de Avda. Luro y del Club Quilmes.
Tenía un dormitorio, baño, sala comedor grande, cocina cómoda y un buen patio, con mucha luz.
Ese mismo mes de setiembre, el 26, cumplía años mama.
Habíamos quedado con Pablo y Silvia llevar a mama a cenar para festejarlo.
Pero primero fui con mama a S.U.I.M., pues era Yom Kipur, dia del perdón.
Ahí me reencontré con mi compañera de secundaria, Susana Saferman y su madre, nos presentan a Olinda Beatriz Caire y a su mama Sara Salem, que hacía poco había quedado viuda.
Al saludarnos se cruzan las manos de los cuatro, y Sara dice: casamiento en puerta.
Unos días después, las invito a Susana y a Olinda a salir un sábado en la noche a bailar y compartir.
Pablo me prestaba su camioneta Dodge, que usaba para su trabajo.
Salimos los tres durante algunos fines de semanas más, hasta que un dia Susana decidió no salir y salimos solos con Olinda.
Como dato curioso, Olinda cumplía años el 12 de marzo.
Nos comprometimos el sábado 14 de junio de 1975, día del cumpleaños de Sara, y nos casamos el sabado 4 de octubre de ese mismo año, en el templo Max Nordau, en Buenos Aires, calle Murillo 661, en Villa Crespo, a media cuadra de calle Canning, hoy en día Malabia.
Mendoza y Chile
Con Olinda cruza los Andes hacia Santiago y Viña del Mar.
Si bien yo tenía mi dpto. y lo estaba equipando poco a poco, por comodidad y compañía fui a vivir al dpto. de Olinda que vivía con Sara, en Santiago del Estero 2489, 2do. Piso, que además me quedaba muy cerca de la oficina.
Ya compartía mucho con ellas las cenas y me atendían la ropa, así que fue fácil la transición a mudarme.
Trabajaba muchísimo en la oficina, pues no solo era la parte de las construcciones de edificios, sino también las visitas y supervisión de obras y gremios, la administración de cada una de ellas, la administración de la oficina con su personal a mi cargo y atender la inmobiliaria.
Estaba diariamente de 9 a 21 horas todos los días, de lunes a lunes.
Llego el jueves 22 de mayo de 1975, ya pasadas las 20 horas, Juan en su oficina, yo en la mía, el personal se había ido, la oficina cerrada, cada uno abocado a sus
tareas y repentinamente me sale un chorro de sangre por la nariz que mancho el escritorio.
Limpio lo mejor que puedo, y lo último de mi nariz con el pañuelo.
No le dije nada a Juan, al rato se acerca y me dice que al día siguiente debía viajar a Buenos Aires y me invita a cenar.
Vamos a un lugar de Parrillas, cerca de Alberti y Córdoba, no recuerdo exactamente.
Por suerte yo no tomaba nada de vino. Eso me salvo nuevamente.
En la mañana, cuando me preparo para salir a la oficina, Olinda ve en el canasto de ropa para lavar mi pañuelo con sangre, y solo le dije que me salió un poquito por la nariz.
Me sugiere que antes de entrar a la oficina me controle le presión arterial, pues pegado había una farmacia.
Entro saludo, y le digo al Farmacéutico Sr. Álvarez, que venía a controlarme la tensión.
Me sienta dentro para el control, el tensiometro no funciona y pide le traigan otro equipo, que ese no estaba bien.
Parece que lo que daba como indicador era muy alto y pensó que estaban dañados.
Me pregunta que porque vine a controlármela.
Le dije que en casa me habían enviado y vine.
Sigue alta y me pregunta si me había pasado algo.
Cuando le cuento, pide urgente un medicamento y un vaso con agua y va controlando cada 5 minutos la tensión hasta que baja.
Estaba a punto de que explotara nuevamente.
Por supuesto me envía al médico, que ese día no vaya a trabajar, que fuera a caminar por la rambla a tomar aire puro, estaba a dos cuadras de ahí.
Aviso a Juan a Buenos Aires y me tome descanso.
Estaba estresado. Por eso siempre me dolía la cabeza y tomaba geniol, la aspirina de esa época para aliviarme.
Nunca sospeche que tenía tensión alta.
El domingo 25 de mayo, leo en el Diario La Capital, de Mar del Plata, un aviso que me impacto.
Invitaban a una charla introductoria a un Curso del Instituto Argentino de Autocontrol Mental, CONTAL.
Era el lunes 26 de mayo, en la noche, en el Hotel 2 Reyes, ubicado en la Avda. Colon y Buenos Aires.
Fuimos con Olinda.
La presentación la hizo la Dra. en Leyes, Olga Monsalvo, Profesora de Filosofía del Derecho en la Universidad de Buenos Aires.
No entendí nada, solo repetía lo que había anunciado en el periódico: aprenda a relajarse, evite el estrés, no use pastillas para dormir, etc.etc.etc.
Volvimos al día siguiente ya con Pablo y Silvia también.
Seguí sin entender nada, pero hable con la Profesora, le comenté mi caso y me dijo que lo hiciera, que sería de gran ayuda.
El curso era de 48 horas de duración, 4 días de 12 horas.
Desde ese jueves 29 de mayo hasta el domingo 1 de junio inclusive, de 9 a 21 horas.
Lo hicimos con Olinda.
A mí no me fue fácil el primer día y parte del segundo, hasta que hablé nuevamente con la Profesora y le dije mi dificultad.
Me dio los tips, me hizo la prueba, lo entendí, y a partir de ahí me dejé fluir maravillosamente bien.
Lo demás es historia que iré contando.
Ya que desde ese dia hasta que partimos a Venezuela dos años después, tomaba todos los cursos en Mar del Plata, en Buenos Aires y con Carlos María Molochnick, director y Fundador del Instituto Contal, quien estaba siempre de gira por Latinoamérica dictando cursos.
En 1977, antes de viajar, ya me reconoció como Instructor, y me dio todo el material de las 48 horas para poder dictarlo en Venezuela.
Retornando a 1975, luego de esta situación que marco para siempre mi vida en un antes y un después, comienzan los preparativos del casamiento en Buenos Aires.
Fuimos de luna de miel a Mendoza, y en una de las excursiones, vimos al pie de la cordillera los camiones del ejército de Chile.
Sorprendido de verlos me acerco y pregunto como hicieron para cruzar los Andes en camiones, pues tenía en mi mente la odisea del General José de San Martin que cruzo a caballo.
Me informan que hay un túnel que comunica ambos países, y al pasar ese túnel ya el camino de descenso por la montaña esta todo asfaltado.
Nos invitan a subir y pasar a Chile.
Olinda conocía en Santiago de Chile a una familia judía, así que nos animamos y fuimos.
Maravillosa experiencia el descenso en camión por la cordillera del lado chileno.
Llegamos, se sorprenden, nos reciben, vamos de paseo por la ciudad, recién se había inaugurado el Metro en Chile, muy moderno.
Al día siguiente vamos a Viña del Mar, famosa ya por el festival musical anual.
Debemos regresarnos, pero, una tormenta de nieve bloqueo el túnel, por lo que nos vemos obligados a regresar en avión con los últimos ahorros que teníamos en efectivo.
Así lo hicimos, y al llegar a Mendoza, tuve que pedir me envíen dinero, pues si bien teníamos los gastos pagados, no nos quedaba nada en efectivo.
En Mendoza visitamos a Alicia, la hermana de Nidia y a su familia.
Visitamos entre los paseos por Mendoza una Bodega, que además tenia, junto a los toneles de vino, un restaurante con degustación de sus vinos.
Ya antes del verano de 1975/76 recibimos la noticia del embarazo de Hernán.
En sus propias palabras
Hernán nació el domingo 1 de agosto de 1976.
Ese año de 1976 fue determinante para el país.
El miércoles 24 de marzo, se produjo un nuevo golpe militar contra el gobierno de María Estela Martínez de Perón, viuda del General Perón, quien había regresado del exilio el sábado 17 de noviembre de 1973.
Hay elecciones, gana la presidencia el Dr. Héctor José Cámpora, del Partido Justicialista, Peronismo, quien renuncia a los pocos meses para dar paso a nuevas elecciones que gana Juan Domingo Perón.
Perón falleció el lunes 1 de julio de 1974, y asumió su esposa que era su vicepresidente.
Triste época de represión militar, tanto en Argentina, como en Chile y Uruguay, por la ejecución del Plan Condor.
Juan Calderoni justo se había ido a radicar a Venezuela.
En ese entonces tenía un Citroën 3 CV, un coche super cómodo, de gran suspensión, que nos ayudó mucho a dormir a Hernán, pues lo llevábamos en el moisés, y con ese movimiento se dormía rapidísimo.
A los meses de nacer Hernán, Carlos Calderoni me ofrece ir a vivir a un dpto. que la empresa había comprado en uno de los edificios que teníamos a la venta, el Surrey, en la calle Rioja entre 25 de mayo y Avda. Luro, que era más grande, con un dormitorio más, y quedaba muchísimo más cerca de la oficina.
Es entonces que nos mudamos ahí, mama se muda a nuestro dpto. de la calle San Martin y Guido, vendo la casita de mama en calle Don Bosco a un amigo, Orlando Espinosa, dueño de la Librería Florencia, en la calle Moreno y Santa Fe.
Hago esta mención de la librería, pues yo era buen cliente, desde que me gradué en 1975 en CONTAL, y en 1977, mes de mayo, llega José Narosky a Mar del Plata, a promover sus libros de aforismos.
Visita esa librería, pregunta por los asiduos clientes, entre ellos yo, y me deja uno de sus libros autografiados, Si Todos los Hombres, dedicado con esta frase:
A Mario Gluzman, espíritu que, aunque no conozco, intuyo.
Su firma y dirección para escribirle.
Justo el domingo 1ro de mayo, estaba yo terminando ese día un curso de Avanzada con Carlos María Molochnick, en el Hotel 2 Reyes.
Juan Calderoni había regresado de Venezuela por unos días, para finiquitar acuerdos societarios con su hermano Carlos y el día anterior nos habíamos reunido ahí mismo, donde me propuso ir a trabajar con el a Venezuela.
Quede en contestarle al día siguiente, para primero consultarle a Olinda.
Al día siguiente, a la hora del descanso al mediodía, regresa y le doy el ok de ir, y quedamos que estaría listo para el 1 de agosto, estar en Venezuela.
Antes había conversado con Carlos María sobre el tema y me dice que yo no iba a trabajar a Venezuela, sino a cumplir mi misión de vida.
Por supuesto no entendí nada, el se fue a almorzar y yo me quedé esperando a Juan.
Al regresar Carlos María, para continuar el curso, me dice que pase al centro, que me va a dar el regalo que le pedí, y forma a todo el grupo en circulo alrededor mío, yo sentado en una silla.
Le digo que no recuerdo haberle pedido ningún regalo, me dice respira lento y profundo y entra al nivel Alfa, y así lo hago.
Ya en ese nivel, me susurra al oído que invite a mis guías espirituales.
Así lo hago y me dice: ¿ahora ves a tres guías verdad?
Asiento con la cabeza y le digo que no conozco al tercero.
Me informa quien es, le contesto que no lo conozco y me explica su nombre y ahí si ya comprendí quien era.
Me dice siempre susurrándome al oído, que, a partir de ese momento, ellos me guiaran en mi misión y cuidaran de mí.
Pasa sus manos por mi columna, siento una gran corriente de energía y no supe más nada.
No sé cuánto tiempo después, despierto de esa somnolencia, sentado a un costado del salón, contra una pared, y tardo un buen rato más en volver a mis cinco sentidos.
Desde ese momento mi cambio fue total, tenía otra percepción de las cosas del mundo.
A partir de ese día inicie todos los preparativos para levantar campamento de Argentina y mudarnos a Venezuela.
En abril de ese año 1977, cambio el Citroën 3 CV, por una Fiat Lada 1500, nuevo, 4 puertas, blanco.
Para ablandar el motor y salir un poco de vacaciones en familia, nos vamos con Olinda, Hernán de 8 meses y Sebastián de 4 años y medio, a Villa Carlos Paz, Córdoba.
Invitamos a las abuelas Esther y Sara, pero a la ida ellas viajan en autobús, pues el coche aún estaba en ablande de motor, y no debía cargarlo demasiado, en un viaje tan largo.
Pasamos muy lindas vacaciones los 6 y de regreso, hice el recorrido de 1.145 km, de un tirón, parando
lógicamente a cargar nafta, estirar las piernas, baño y cambiar a Hernán.
Hay muchas anécdotas de ese viaje, y Sebastián las podrá contar, pues fueron sus vivencias.
Resultado de ese viaje, Olinda regreso embarazada de Mauro.
Hay algo en el clima de Villa Carlos Paz.
Organizar en 3 meses la salida familiar de argentina, dejar una persona de confianza en mi puesto en la Empresa, lidiar con el malestar de Carlos por mi partida, por haber decidido seguir con su hermano Juan, documentación, visas, llevar las partidas de nacimiento legalizadas y apostilladas, la despedida con mama, fue todo un proceso acelerado.
Finalmente, y para ir facilitando la adaptación, viaje solo por un mes el lunes 1 de agosto, pero antes, el sábado 30 de julio, celebramos en familia en el lugar de juegos del Sacoa, el primer cumpleaños de Hernán.
En ese viaje llevaba un solo contacto, Tony Hulshof, persona de confianza de CONTAL, en Caracas.
El primer fin de semana lo llame de parte de Carlos María Molochnick, para reunirnos.
Tuvo la deferencia de invitarme ese viernes a su casa y como el dijo, que no me sería tan útil para integrarme a la comunidad judía, invito también a la Sra Raquel Napadensky viuda de Eder, que habían compartido cursos de CONTAL con Carlos María.
Y nació con ella una gran amistad de familia de por vida.
Al día siguiente Raquel me llevo de invitado a una fiesta de Bar Mitzva en San Bernardino, en la U.I.C., Unión Israelita de Caracas.
Y efectivamente, se abrió un sinfín de relaciones, con los amigos y compañeros de sus hijos, que habían estudiado en el Colegio Moral y Luces en Hebraica.
Regreso a Argentina el 31 de agosto, a terminar los últimos detalles y viajamos con Olinda, Hernán y Mauro en la barriga el viernes 16 de setiembre de 1977.
En Maiquetía nos esperaban Don Juan Bautista Calderoni padre y su esposa Irma Carmen Testi.
Temporalmente nos alojamos en el Hotel Anauco Hilton, hasta ubicar una vivienda.
Ese fin de semana vamos a visitar a Raque Eder, que se iba de viaje, y al despedirnos me entrega las llaves del Chevy Nova, un carro de la Chevrolet, que era de su hijo que estaba en Israel.
Me dice llévalo y úsalo hasta que regrese, te va a hacer falta.
Realmente nos fue de gran utilidad.
A su regreso organiza en su casa un curso, e invita a todos los amigos de sus hijos, entre ellos, Lilian y Doris Dorfler, entre otros asistentes, con quienes nos sigue uniendo una gran amistad.
Fueron dos fines de semana completos muy lindos compartiendo el Curso de Contal.
Luego se organizó reunirnos todos los miércoles por la noche con un muy pequeño grupo, donde siempre estaban Lilian y Doris, en casa para hablar de nuestros temas.
En sus propias palabras
Llego el miércoles 11 de enero de 1978, estábamos reunidos, y Olinda comenzó labores de parto.
Salimos todos para la Clínica y Maternidad Leopoldo Aguerrevere, Terrazas del Club Hípico, en Prados del Este, Municipio Baruta, donde estaba su médico que la venia controlando, y en la madrugada del jueves 12 de enero nació Mauro Gabriel.
Ya nos habíamos mudado a fin de octubre, a un dpto. en Plaza Venezuela, Residencias Caroní, sobre Avda. Abraham Lincoln, a media cuadra de la Torre La Previsora, y a pocas cuadras de donde teníamos la oficina con Juan Calderoni, sobre Avda. Libertador, frente al Centro Comercial Los Cedros.
Se estaban construyendo dos Fábricas en Barcelona, Zona Industrial Los Montones, Estado Anzoátegui.
Una era Oxibat y la otra Plomoven.
En febrero de 1979, nos mudamos a vivir a Puerto La Cruz, ciudad turística sobre el Mar Caribe, muy cerca de Barcelona donde estaban las construcciones.
En abril de 1978, luego del nacimiento de Mauro, llegan de visita a Caracas, la abuela Sara junto con Sebastián.
Pasamos Pesaj en la casa de Lilian Dorfler y su Familia, que vivian en San Bernardino, con su esposo y sus dos niñas.
Ya establecidos en Puerto La Cruz, y trabajando en la Administración de las fábricas que estaban finalizando de construirse para entrar en funcionamiento, detecto por parte del Ingeniero a cargo de las obras y montaje de las mismas, que habían sido traídas desarmadas desde Argentina, graves irregularidades en las contrataciones.
Investigo con los contratistas y efectivamente así era.
Elevo la denuncia a Juan y a su socio, quienes quedan impactados por la noticia.
No lo pueden despedir en ese momento, pues se perdería toda la inversión al no tener quien pueda continuar con todo.
Se elabora un plan a mediano plazo, de traer otro ingeniero capacitado de argentina y yo decido no seguir para no salpicarme de esa situación.
Juan me ofrece ayuda para que yo inicie algún proyecto y monto la librería Filosófica Tipheret Hacia La Luz, en plena Avda 5 de julio, a pasitos de la catedral.
Me pide continuar en las mañanas con la excusa de preparar a la nueva persona en administración.
Así lo hago por unos meses, pero, la situación iba de mal en peor y me retiro.
Hasta que finalmente la denuncia les llego por parte del Gerente del Banco Industrial, y estando ya las fábricas funcionando y el nuevo ingeniero a cargo, lo despiden.
Ya no quiero volver, era insalubre el proceso de fabricación, tuve que cerrar la librería pues no me rendia para dos alquileres y la familia.
Contacto a Raquel Eder y me conecta con una familia amiga con fábricas en La Victoria, Tejerías y Valencia.
Me piden ir a Caracas y quedo contratado para trabajar como Gerente de Administración, en una fábrica que recién habían comprado en La Victoria, Edo. Aragua.
Retornando a 1979 en Puerto La Cruz, había iniciado en el mes de agosto conferencias y cursos en el Hotel Meliá.
Luego al abrir la librería, teníamos un salón libre en la parte trasera y nos reuníamos semanalmente con los alumnos.
Organizo giras por varias ciudades cercanas dando charlas y luego cursos.
En sus propias palabras
En abril de 1980, llego a Puerto Ordaz, en el Oriente de Venezuela.
Y en esa primera conferencia conozco al Dr. Carlos Wilson Castañeda Escudero, quien desde es momento y por 20 años, se convirtió en mi guía espiritual, medico, odontólogo, amigo, y parte de nuestra familia.
Marco mi vida para siempre.
El corroboro paso a paso, lo que me menciono Carlos Maria Molochnick en Mar del Plata, el 1 de mayo de 1977.
Y todo se fue cumpliendo.
En sus propias palabras
Regreso a 1981, en que cierro la librería y comienzo a trabajar en la Victoria.
Al principio, viajaba a trabajar mientras podía organizar la vida en esa otra zona del país.
Estaba de lunes a viernes y regresaba los fines de semana.
Así por dos meses, hasta que logre alquilar dpto. en Maracay, en la urbanización Calicanto, a una cuadra de la Plaza de Toros y media cuadra del Colegio Calicanto.
Nos mudamos en mayo de 1981.
A los 2 meses la empresa me compra un carro, un Chevrolet Malibu, 4 puertas, color verde Nilo, placas DAP 023, que me lo descuentan mensualmente de mi sueldo.
En sus propias palabras
Olinda queda embarazada de David, que nace el martes 19 de enero de 1982, en la clínica Calicanto, a la vuelta de donde vivíamos, en Avda. Sucre.
Ya establecidos, comienzo a buscar conectarme con grupos de estudio, y encontré por una librería un lindo grupo de Metafísica en la casa de la Sra. Seferina, cerca del terminal de pasajeros de Maracay.
Me integro y doy charlas con ellos.
En ese grupo conozco a Alida Farias, hermana mayor de María Farias, y me comenta que su cuñado es argentino.
Estaban recién casados y al regresar nos reunimos y nunca más nos separamos.
María se había casado con Rodolfo Kossman, oriundo de Cipolletti, Provincia de Rio Negro, al sur de Argentina.
Lo demás es historia que los 4 chicos conocen muy bien, pues luego de varios años, tuvieron un gran papel en nuestras vidas cuando regresamos de Palma de Mallorca a Maracay, en el año 1992.
Regreso a Venezuela
El 12 de octubre comienza otra etapa en Maracay.
Ese mismo año 1981, en el mes de julio, también tuvimos un encuentro para toda la vida, con Rosa Clara Afonso Diaz y sus hijos Dahelire y Nauzet, de las mismas edades de Hernán y Mauro.
Ella había llegado de España y trabajaba en el Colegio Freinet, frente al Edificio donde vivíamos.
Por la tarde luego del almuerzo, tenían cuidado de niños para los padres que trabajaban, y enviamos a Hernán y Mauro a pasar la tarde y jugar ahí.
Yo los buscaba al regresar del trabajo en La Victoria, que era aproximadamente 40 kms. de distancia por la Autopista Regional del Centro.
Rosa Clara era quien se ocupaba del cuidado de los niños por la tarde.
Los niños también se hicieron muy afines, y compartían mucho los 4.
Los sábados los llevaba a todos a las actividades de los Boy Scouts, en un parque de la ciudad.
Y también salía con todos a paseos y al cine.
Estábamos todos muy integrados.
Sebastian viajaba casi todas las vacaciones de verano a visitarnos y se integraba al equipo de chicos.
Luego del nacimiento de David, y ya más organizados en la casa, comienzo a activar más en los grupos de estudios por la zona aledaña a Maracay.
Y organizo un curso de un día completo de duración en la sala de conferencias del Colegio de Abogados del Estado Aragua, frente al Polideportivo, por Avda. La Delicias, que también tenía áreas de recreación para sus socios.
Fue tal el éxito de la convocatoria al curso, que desbordo la capacidad del salón.
Superamos las 100 personas, y como para los ejercicios de relajación e introspección debíamos hacerlo acostados en el piso del salón, había que sacar las sillas fuera del mismo.
Eso genero que nunca más me quisieron alquilar el salón.
A partir de esa fecha comencé a dictar los cursos de un día de duración en el Hotel Maracay, o en el Círculo Militar, ambos por la Avda. Las Delicias.
Fue una gran época en Maracay.
En uno de esos cursos en el Hotel Maracay, llegaron desde Villa de Cura, Esperanza Riobueno y su hija Mayaribe, una joven de 13 años,
Esperanza también se hizo muy cercana a nosotros, se organizaron muchas actividades con sus grupos familiares en Villa de Cura y nació una gran amistad de por vida con ella y sus hijos mayores Robert, Roberto Carlos y Robinson.
Hacíamos reuniones y encuentros en casa y siempre la presencia de Rosa Clara, Esperanza y los hijos de ambas.
En sus propias palabras
En febrero de 1983, se produce en Venezuela el viernes negro, fue el 18 de ese mes.
Se produjo la gran debacle, donde paso de un dólar de 4,30 a 8,00 bolívares por dólar.
Hubo gente que con complicidad de los bancos se hicieron millonarios de la noche a la mañana.
Donde yo trabajaba sufrió las consecuencias, como muchísimas empresas, y redujeron el personal.
Sali con una muy buena retribución económica, además el carro pagado y sin deuda.
Eso fue en setiembre y en noviembre de ese mismo año ya estaba trabajando en caracas en la Administración de la cadena de Tiendas Adams, ubicadas en el Bvard. de Sabana Grande.
Ocupe el cargo de Asistente del Directorio, que el hijo de uno de los dueños dejo vacante, pues acepto un cargo en un Banco muy importante, como Ingeniero de Sistemas.
Tenían 3 tiendas en Caracas y una muy grande en la Isla de Margarita, en aquella época Puerto Libre.
Viajaba mensualmente a supervisar la tienda en la Isla.
Me tocaba vivir en Caracas de lunes a viernes y en la noche del viernes regresar por el fin de semana a Maracay.
En sus propias palabras
Hasta que, en 1984, compramos un dpto. en Los Teques, Residencias Los Coquitos, Frente al Centro Comercial La Hoyada, en Avda. La Hoyada y nos mudamos en agosto de ese año.
En sus propias palabras
En 1985, no estando a gusto con la situación país, y queriendo cumplir mi sueño de ir a Israel, iniciamos las gestiones para hacer Alía.
Cumplidos todos los requisitos y estando aprobada, ponemos a la venta el dpto.
No aparecían compradores, hasta que el sabdo 26 de julio de julio de 1986, regresando de caracas por la Panamericana, subiendo hacia Los Teques, piso una mancha de aceite y el coche comienza a girar como un trompo chocando del lado izquierdo a los coches que bajaban y del lado derecho la montaña, hasta que finalmente para pegado a la montaña.
Los coches que bajaban me salvaron de caer al barranco.
Pérdida total el vehículo.
Todos ilesos, salvo Mauro un raspón en la cabeza, pues estaba dormido contra la puerta y la manija interna lo lastimo.
Por suerte paro una familia y los llevo a todos a casa, y un vecino médico, le cosió unos puntos en la cabeza.
Espere a la policía y a la grúa, ya muy prestos esperando a 50 metros, pues ese era su negocio y me llevaron a casa, no sin antes llegar a un arreglo para no ir retenido yo pues hubo un herido.
A partir de ese día, todo se abrió, el seguro me pago el carro por perdida total, vendimos el depto., y el 3 de setiembre viajamos para Israel con escala en Ámsterdam, aeropuerto Schiphol, Holanda, con vuelo de KLM.
En esa época los controles de seguridad de EL Al eran todos manuales, nosotros éramos 5, veníamos con muchos bolsos, y el chequeo para abordar fue muy lento.
Fuimos los últimos en subir, nos aplaudieron, pues salió con demora por nuestra causa.
Felizmente llegamos en la madrugada del 5 de setiembre al Aeropuerto Ben Gurion en Tel Aviv, donde fuimos muy bien recibidos.
Nos entregaron la Teudat Ole, libreta de Inmigrante, con la identificación y numero de Identidad de cada uno, y un transporte nos lleva hasta Ashkelon, al Merkaz Klita, Beit Canada, en Barnea, donde teníamos asignado un dpto. y era también el Centro de Estudios de Hebreo para los Inmigrantes.
Desde el aeropuerto pedí hacer una llamada a mi cuñada Celia, que vivía en Ashdod.
Mi Hermano Franco había fallecido el 31 de julio de 1985.
No llegue a verlo.
Le anuncié de mi llegada y le pedí el número de teléfono de mi primo Efraím Melcharsky, que vivía en Moshav Kojav con su familia, muy cerquita de Ashkelon.
Ese viernes cerca del mediodía comenzaron a llegar vecinos argentinos del Merkaz Klita, a conocer a los venezolanos que habían llegado.
La sorpresa fue que éramos argentinos.
Desde el teléfono publico llamo a mi primo Efraim, para informarle donde estaba.
Un poco mas tarde, tocan la puerta y era mi primo Efraim, que venía a buscarnos para pasar Shabat en su casa, pues al día siguiente partía de Miluim, Reserva en el Servicio Militar, y estaría fuera varias semanas.
El domingo, Yom Rishom, acompañados de una funcionaria, iniciamos los tramites de Banco, Estipendia y Kupat Jolim.
En Banco Idud, donde nos pagaban la mensualidad para vivir, conocimos a Katy Gordon de Kupersmid, con quien desde ese día y hasta el presente, mantenemos una gran amistad.
Tiene dos hijos de la edad de Hernán y David, y compartíamos muchísimo con ellos y su esposo Miguel Jorge Kupersmid.
Iniciamos nuestros estudios del idioma hebreo en el Ulpan, en el mismo Mer Katz Klita, y los chicos la escuela en Nof Iam.
La mora muy agradable, Jana Shimoni, enamorada del idioma español.
Terminados los 5 meses de ulpan en Ashkelon, me dan a mi por profesional, otro ulpan de 3 meses en Tel Aviv.
Viajaba diariamente, ida y vuelta.
Ya finalizado el mismo, inicio la búsqueda de trabajo y consigo en la Administración del Bustan Hazeitim, Parque de Aceitunas, por la cantidad de olivos que había en ese lugar.
Era un salón de fiestas y espectáculos, además alquilaban caravanas para turismo de fin de semana y lugar de camping para quienes venían con sus casas rodantes.
Quedaba dentro de las instalaciones del Parque nacional Leumi, en Ashkelon, donde estaban las ruinas de las columnas que había derrumbado Samson.
Lugar de turismo y recreación, ideal para las familias con niños los fines de semana.
Regenteaba ese lugar Don Nejemia Barishansky, con apoyo de su hija Tali.
Por la distancia y falta de transporte, ellos diariamente me pasaban a buscar y me traían de regreso.
Conocí en la O.L.E.I., Organización de Latinoamericanos en Israel a Lucho Fainstein, quien me llevo por las tardes fuera de mi horario de trabajo, a llevar contabilidades en una oficina contable, del Contador Enrique Averbuj, en Migdal, el centro de la ciudad.
En la oficina del Bustan Hazeitim, conocí a un Sr. David, de origen rumano, que tenía una fábrica de ensaladas típicas israelíes, Salatei Ashkelon, y también le llevaba la contabilidad a la empresa.
Con crédito hipotecario especial para inmigrantes, y 5 garantías personales, compramos el dpto. en Rejov Bialik 4, esquina Sderot David Ben Gurion, a metros de la Tajana Merkazi.
En sus propias palabras
Llega en febrero de 1989 Sebastián a terminar la secundaria en un plan de estudios entre Argentina e Israel, a un seminternado, Kfar Silver, muy cerca de nuestra casa en Ashkelon, lo que permite que pueda compartir mucho con nosotros.
Siguiendo mi sueño, inicio gestiones para lograr entrar a un Kibutz, y luego de muchas gestiones y rechazos, logramos ser admitidos en Kibutz Ruhama, muy cerca, en Sderot, Shaar a Negev, y más cerca aun del Moshav Kojav donde vivía mi primo Efraim con su familia.
En sus propias palabras
Nos mudamos a final de julio de 1990, y alquilamos el dpto. para poder seguir pagando la cuota hipotecaria, a una familia rumana que habíamos conocido en el Ulpan.
Sebastián ya había terminado sus estudios, y antes de regresarse a Argentina, decide viajar por Europa y luego Estados Unidos.
Para eso necesitaba ganar dinero y consiguió trabajo en Eilat, en el Club Mediterrane.
Estuvo con nosotros en el kibutz la primera semana y partió.
En diciembre, ya viajo a Europa y de ahí a Florida, a casa de Raquel Eder y a visitar Disney Word.
Nosotros estábamos provisoriamente en un dpto. en el kibutz, muy chico, los niños, dormían por separado en las casas con grupos de sus edades, y los veíamos por las tardes, luego del trabajo, que venían a compartir y a cenar juntos al comedor colectivo.
Nos habían prometido un dpto. más amplio en otro sector del kibutz, que nunca terminaban de remodelar y nos daban largas y evasivas.
Intuyo lo que está pasando, pues estábamos en el año de prueba para la admisión.
Indago con la familia argentina que nos ayudó en la integración al kibutz y detecto que no nos van a admitir.
Era diciembre, clima frio, me deprimo, me engripo muy fuerte, comienzo a buscar opciones y a fin de diciembre comienzo a llamar a Juan Calderoni a Madrid para pedirle volver a trabajar con el.
Unos años antes, estando yo en Israel, me mando a llamar con mi hermano Pablo para invitarme a volver a
trabajar con el a Palma de Mallorca, pero, por contrato de 5 años con la SOJNUT, no podía salir.
Finalmente, luego de varios días, me atiende, estaban fuera de la ciudad.
Ya estaba muy fuerte la guerra del golfo, y quedamos en esperar a que pasen esos acontecimientos y nos comunicaremos nuevamente para planificar.
Tomábamos con Olinda un curso de hebreo, en Shaar a Negev, cerca del Kibutz, y en enero, ya recrudeciendo la guerra del golfo, comentan que era algo que iba a durar mucho tiempo.
Había hablado por teléfono hacía unos días con mi padrino el Dr. Carlos, y le transmití mi preocupación por salir de Israel para ir a España, pero que la situación de la guerra no se vislumbraba con claridad el fin de esta.
Me dice que no me preocupe, que voy a salir muy pronto, que la guerra en breve terminaba y que interpretara los tiempos en la biblia del Profeta Daniel 12, versículo 7.
Así lo hago, e interpreto que, para el 28 de febrero, por las sumas de días y semanas desde el día que hice el cálculo, ya estaría terminada la guerra.
Con esa información, comento en la clase mi apreciación, lo que fue el hazmerreír de todos.
Para mi propio bien y el de todos, así fue.
Por eso el 1 de marzo para mi fue el Purim de la paz.
De inmediato pongo a la venta el dpto. y se vende a muy buen precio, casi de inmediato.
Lo compro la SOJNUT, para atender la ola de inmigrantes de Rusia que estaban dejando salir en aquella época.
Cancelo la deuda de la hipoteca del dpto. que, a pesar de haber pagado por 3 años, debía mucho mas que al principio, por el doble sistema de indexación a valor dólar más tasa de inflación del mercado local.
El buen precio en que lo vendí me cubrió eso y mucho más.
Termina el 28 de febrero la guerra del golfo, el 1 de marzo se celebra en el kibutz la fiesta de Purim, y yo me había comprado en el Kibutz de mi prima Cecilia Bord, cerca de Beersheva, un sweater que decía: NO PROBLEM, aludiendo a que sabia que no me aceptaban, y efectivamente ese día lo publicaron en el boletín de noticias del Kibutz.
Les informo que vendí el dpto., se asombran, pues pensaban que regresaba a Ashkelon, y les digo que nos vamos del país.
Coordino con Juan Calderoni y quedamos en vernos en Madrid el 1 de mayo.
En el kibutz trabaje un tiempo en la fabrica de cepillos de dientes y luego en la carpintería, y como siempre hacia horas extras, acumule suficientes horas para poder irme por un mes a España a reunirme con Juan
y aprovechar algunas visitas con amigos en Granada, Sevilla y Galicia.
Hermosísimos recorridos en tren.
A mi regreso del viaje, encuentro en casa la grata sorpresa de Dubby, un hermoso cachorrito que se había colado en casa con los chicos y lo adoptaron.
Comienzan los preparativos, y me topo con un problema legal.
El consulado de España solicitaba antecedentes penales, y el mío salió con problemas, por causa de un cheque sin fondos que el dueño de Salatei Ashkelon, no quiso pagar a una persona, y yo era firmante junto a su esposa.
Así que me toco un tramite ante los tribunales en Ashkelon, donde salí airoso, pues el juez sabia de las fechorías de ese individuo, me absolvió y me dijo: ud no es el primer inmigrante que cae en estas situaciones, la próxima vez fíjese muy bien con quien firma cheques en una empresa.
Logro el documento de tribunales y viajo a Jerusalem para registrarlo en la oficina correspondiente y ahí sí, ya salió el Certificado de Antecedentes Penales sin problemas, limpio.
Lo hice solo, sin asistencia de abogado en tribunales, con mi limitado hebreo, pues unos meses antes, el abogado del Kibutz solo se limito a hacer una carta de descargo y pague unos elevados honorarios por nada.
Ya con todo en orden, y la carta de invitación de la empresa de Juan Calderoni a trabajar con ellos, solicito la visa para toda la familia para viajar por trabajo a España.
El 21 de agosto de 1991, salimos hacia Barcelona España, y de ahí hacia Palma de Mallorca, donde nos esperaba Juan Calderoni.
Palma de Mallorca
La familia parte desde Israel hacia una nueva experiencia en España.
Un viaje corto, llegamos en la misma noche.
En el Aeropuerto de Tel Aviv, nos esperaban Maoz e Iris, a quienes les había avisado el día anterior que nos íbamos.
Como nota destacada de la situación religiosa que se vivía en esa época en Israel, resalto que mis actividades no eran bien vistas por las comunidades religiosas ortodoxas, y asumo que mucho menos por la directiva del Kibutz.
A pesar de buscar mantener un bajo perfil, era obvio cual era mi manera de pensar y eso me valio de recibir varias amenazas a callarme y no seguir con mis temas.
Dos días antes de partir, llamo para despedirme de un alumno de Ashkelon, a su esposa la atendí en su casa por temas de salud emocional, el era funcionario de gobierno y hablaba bien español por haber cumplido funciones en países de america latina.
Asombrado de mi llamada y mi noticia me pregunta donde estoy y al día siguiente viene a despedirse.
Entre llanto y alegría me dice que le apena mi partida, pero al mismo tiempo la agradece, que Israel
pierde a un buen ciudadano, pero mi vida estaba en peligro, por lo que era mejor que me fuera.
Así se confirmaron que las amenazas no eran falsas.
No me encontraron pues estaba en el Kibutz, y no hacía actividades.
Nuestra vida en el kibutz se enriqueció con una bella amistad, Arie y Ronit Zohar, padres de Lori, amiguito de David.
Compartíamos muchísimo con ellos, nuestros únicos y verdaderos amigos, dentro de una comunidad de 700 personas.
Arie, argentino, llego muy joven a Israel, Ronit, nacida en el Kibutz, hija de uno de los fundadores.
Se cerraba un ciclo muy importante en mi vida y en la de los 4 chicos.
Nuevo idioma, nueva cultura, contacto con raíces ancestrales, interacción con personas de muchos países, vida en comunidad, pasar la guerra en un ambiente protegido y al aire libre, excursiones por el país para conocerlo, verme trabajar en las fabricas del kibutz, pues siempre me habían visto de ejecutivo en empresas.
El trabajar en las fabricas al principio fue una decisión mía.
Mi admisión fue aprobada pues hacía falta un administrador en la fábrica, y yo tenía mucha experiencia.
Utilice un argumento para no ir de entrada a la administración, y era que no podía administrar lo que no conocía.
Que debía pasar el proceso de fabricación y así conocer todo el sistema de costos y producción, y luego pasar a la oficina.
Lo aceptaron y yo feliz, pues trabajar en esa fábrica tecnológicamente moderna era muy sencillo
Aprendí rápido el proceso y manejo de las maquinas y me fui quedando, hasta que un día… regreso de luna de miel el cocinero del kibutz, nacido ahí, y la Sra. era administradora.
Puso de condición que si la Sra. no asumía la administración, se iban del kibutz.
Me consultan y yo feliz, pero… había una princesa, así les decían a las hijas de los fundadores del kibutz, que quería el puesto de encargada de la fabrica de cepillos de dientes.
Me informan y de castigo, según ellos pensaban, me mandan a trabajar a la otra fabrica de cepillos de madera, la carpintería.
Yo aun más feliz, pues había aprendido con mi hermano Pablo a manejar las máquinas de carpintería, así que eso fue una diversión para mí, estar entre el ruido de las maquinas y el olor de la madera, y los últimos meses Dubby me acompañaba todo el tiempo y se acostaba debajo de mi lugar de trabajo.
Y pasaba muchas horas, juntando horas extras.
Todo siempre es para el bien.
Ya en Palma de Mallorca, los primeros días estuvimos en un dpto. que un colaborador de Juan había alquilado, pero no nos resultó ni cómodo ni agradable y fuimos a la inmobiliaria que lo había alquilado y logramos cambiarnos a uno muy céntrico, en calle Baron Santa María del Sepulcro, a media cuadra de la gran tienda el Corte Inglés, en Avda. Jaume III.
La oficina de Juan estaba ubicada en Cala Viñas, en un edificio que había construido frente al mar y donde tenia su depto. para las vacaciones.
Quedaba a 19 kms de Palma, y compraron para mi uso un auto, Citroën, 4 puertas, rojo, muy cómodo.
Los proyectos de construcción no se dieron y reenfocamos hacia una fabrica de quesos italianos, Mozzarella, ya funcionando, pero necesitaba inyección de capital.
Estaba en el otro sector opuesto de la isla.
No resulto rentable el negocio, Juan decide incursionar nuevamente en USA, y nosotros nos regresamos a Venezuela.
Fue una experiencia muy grata ese año en Palma de Mallorca.
Primero, a mediados de setiembre, se fueron Olinda con Hernán a Caracas, vía Madrid, ahí los esperaba Rodolfo y fueron a Maracay, y luego el 11 de octubre de 1992, viajamos con Mauro y David, via Londres.
Pasamos la noche en el Aeropuerto y viajamos en la mañana.
Llegamos con Cristóbal Colon a América, 500 años después, el 12 de octubre de 1992.
Al llegar a Maracay, nos distribuimos Hernan y Mauro en casa de Luisa y Alida, hermanas de Maria Farias, esposa de Rodolfo Kossman, y Olinda, David y yo en casa de Eli, en un edificio a media cuadra del Polideportivo Las Delicias.
Reinicio contactos en La Victoria y en Caracas para conseguir trabajo.
Viajo a Caracas a saludar en Tiendas Adams, dejo mis datos de contacto y al día siguiente me llaman que me esperan el lunes en la oficina.
El contador, administrador a quien deje en mi puesto hacia 6 anios, fue despedido al día siguiente de yo visitarlos, pues le descubrieron que encubría a una empleada que, hacia pagar dos veces una misma factura, y el, por estar enredado con ella, lo cubría.
Eliminaron a todos del dpto. de contabilidad y al llegar, y al hacerme entrega del cargo, le agradezco por habérmelo cuidado durante esos años.
En sus propias palabras
Restructuro todo, con personal nuevo y conformo un excelente equipo de trabajo, que permanecimos juntos hasta el cierre de la empresa en 1999, y aun hoy en día estamos en contacto.
Viajaba los fines de semana a estar en familia a Maracay y permanecia de lunes a viernes en caracas.
En diciembre de 1992, conseguimos alquilar dpto. en el Edificio Galil II, Avda. Las Delicias, Frente a la Cámara de Comercio de Aragua y media cuadra del Polideportivo.
En ese edificio vivian Miguel Gubyk, Mirta Fossa, Graciela, Alejandro y Laura, familia uruguaya, con quienes de inmediato nos unió una gran amistad, y David con Alejandro hasta el día de hoy también la conservan.
A los pocos días de llegar e iniciar los contactos, contacte a Evelyn Fuhrman en la B’nai B’rith, quien contacto a las damas de WIZO, en la persona de Dita Cohen, esposa de Salomón Cohen, y me organizaron un taller en la casa.
Recibí un cheque por 10.000 bolívares, que representaban 100 dólares.
Otra institución de ayuda comunitaria luego me dio otros 10.000 bolívares.
Y a mi apartado de correos en Maracay llego un sobre con un cheque de 50.000 bolívares, 500 dólares, de parte de Rosa Clara Afonso y Joseph Levy.
Había llegado con los mínimos ahorros, y si bien no pagábamos alquiler, había que movilizarse, comer y los chicos comenzaron sus clases.
Nunca nos faltó nada, estábamos muy justos nada más.
Si bien había iniciado el trabajo nuevamente en Adams, no quería quedarme ahí, los conocía muy bien y sabia que seria una lucha conseguir buena remuneración con ellos.
Seguí buscando trabajo y me reuní con David Weiz, dueño de Conduven, a quien conocía de mi época de trabajo en la Victoria, quien me consiguió una entrevista para evaluar mi posible trabajo en Maturín, Estado Monagas, en una Fábrica de Vidrio Flotado, donde era socio junto a una empresa del Oriente del País.
Fuimos con Olinda, con los gastos pagos, pero, las condiciones no eran tentadoras para irnos a vivir allí y decidí no aceptar.
Es entonces que inicio las negociaciones con tienda Adams para un salario mas acorde a mi cargo y luego de muchas discusiones, logramos un acuerdo.
En sus propias palabras
Era mitad del año 1993.
No recuerdo en que mes fue, pero un mediodía me llama Olinda que internaron a David, y que debían operarlo de apendicitis.
El Dr. Roffe, que nos conocía de la comunidad judía de Maracay, que se reunía en la casa de la familia Bruck, en el Castaño.
No intervino hasta que no se le depositara el dinero, según el ordenes de la clínica Maracay.
Mirta Gubyk que había llevado en su coche a Olinda y a David, puso la tarjeta de crédito y pago.
Cuando llegue, con el dinero que me dieron en la oficina, ya estaba operado y en la habitación.
Ya normalizados mis ingresos alquilamos una acción en Casa Italia, a 3 cuadras de la casa, donde también iban Miguel y familia, y resulto ser un oasis para todos.
Punto de reunión y esparcimiento familiar.
Hernán y Mauro contactaron con la Familia Yecutelli, dueños de una gran tienda de ropa en la Avda. Bolivar, Tiendas Samy.
Trabajaban fines de semana y las vacaciones escolares.
Organizo grupos de estudios los sábados por la tarde en casa, que fueron ampliándose luego a otras ciudades.
Muy linda etapa de siembra y crecimiento.
En febrero de 1994, por iniciativa de Miguel Gubyk, dicto un curso de un día domingo en caracas, para el personal de la empresa donde trabajaba, y ese curso fue un antes y un después en mi vida.
Caracas
Un taller abre el camino hacia los textos que más tarde formarían su obra.
En sus propias palabras
Ahí apareció la persona, que después dio inicio a los mensajes, que terminaron con la publicación del libro en el año 2005.
Todo eso narrado en el libro.
Comienzo por participar en actividades en caracas durante la semana, aprovechando que a las 6 pm ya se cerraba la oficina.
Por desavenencias con Olinda, en ese año me fui por unos meses de la casa, venia semana por medio a ver a los chicos.
Nos normalizamos nuevamente en setiembre para Rosh a Shana.
En octubre dicto un curso muy lindo en caracas, donde nacieron nuevas amistades que dieron origen a grupos de reuniones y estudio una vez al mes.
Las actividades crecían lentamente yo con ellas.
A fines de 1994, participo en otro grupo y ese grupo organizo la primera visita de Rosa María Winn, traductora de Un Curso de Milagros al español.
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Israel Moisés Gluzman Kukielka y Esther Melcharsky Baigel